Quien Soy …

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Mi nombre es Seidy Morales y durante mucho tiempo la música fue parte de mí. Como muchas otras personas, tarareando canciones, escuchando emisoras determinadas y de vez en cuando explorando en un Karaoke. De niña, participé en un coro estudiantil; muchos años después empecé a estudiar terapias alternativas y entre ellas, la del sonido, los efectos de los cantos mántricos, los idiomas ancestrales, el movimiento físico dejándose llevar por el sonido y como se potenciaba todo esto, con algunos instrumentos específicos de cada regios y sus frecuencias musicales.

Con mucha curiosidad leí todo el material que llegó a mis manos y tenía, según yo, claro el concepto pero más que eso lo que necesitaba era experimentarlo y vivirlo en carne propia.

La oportunidad llegó en febrero del 2012. Mi hija mayor, que es una de mis grandes maestras, tenía una mentora de algo que yo en ese momento no conocía, llamado El Camino Rojo.   Con ellos se reunían para hacer rezos de Luna llena con una Pipa de Obsidiana y me invito a acompañarla a una actividad de 4 días para mujeres, en las que rodeadas de naturaleza y armonía practicarían trabajos espirituales. Yo la escuchaba hablar de la importancia de nuestra unión con la madre naturaleza, del respeto a todo ser vivo y muchas otras cosas interesantes, pero no la había acompañado hasta ese momento.

Al llegar al lugar me encontré con toda una comunidad de mujeres comprometidas con su camino espiritual pero idénticas a mí, con los mismos problemas y dificultades que cualquiera, haciendo un gran esfuerzo por rescatar ese espacio para ellas y trabajando en equipo a cargo de una gran y talentosa mujer llamada por todas con mucho cariño Abuela Any. Su nombre indígena es Nanatzin Itzpapalotl, quien me dio no sólo la oportunidad de participar en la actividad sino también de ser parte del equipo de mujeres que cantaban y tocaban un tambor, llamado para ellas, el Huéhuetl.

El trabajo era nocturno así que la primera noche fue muy dura para mí. Mis bellas y pacientes compañeras de Pachamama hablaban inglés y las canciones eran en Náhuatl  y por supuesto, yo no entendía ninguno de los dos. La lucha contra el sueño y otros elementos me hicieron pensar muchas veces: –¿Qué estoy haciendo aquí?

Pero lo más interesante fue que algo muy extraño empezó a resonar en mis adentros, cada vez que tocaban el tambor con la baqueta (palo delgado con que se toca instrumento de percusión). Sentía en mi garganta como un eco. Para no hacer esta historia muy larga, les contaré que el último día ya me daba a entender con mis compañeras, lograba mantenerme despierta y con muy buen ánimo, entendí los diferentes toques del tambor y podía hacer los cantos en Náhuatl.

Yo no quería salir de ese espacio en el que me había encontrado con una mujer diferente a la que yo pensé ser, una mujer valiente, fuerte y con muchos deseos de vivir cada momento de mi vida. Mi voz tímida y poco educada ahora deseaba sólo cantar y cantar y cantar.

Al regresar a mi rutina diaria, me estaban esperando exactamente los mismos retos y compromisos de antes pero esta vez el elemento sorpresa fue esa vibración diferente y desconocida para mí, que me acompañaba.

Conseguí toda la música que pude, escribí las letras que recordaba, empecé a dedicar tiempo al día para preparar con mi voz o la de las otras mujeres, material de audio que empecé a escuchar mientras trabajaba, manejaba o esperaba a mis hijas de salida de clases. Y de esa manera me mantenía en conexión directa conmigo misma.

Entonces ahora sí podía decir que ya había experimentado la energía sanadora de cantos ancestrales, de un instrumento tan poderoso como era el Huéhuetl, la capacidad del cuerpo humano de entrar en sintonía a través del movimiento y el reencontrarme con mi voz, honrarla y respetarla como mi propio medio de sanación. Pero ahora no quería perder ese potencial, así que esa fue la forma como empecé mi propio camino con teoría y práctica, ayudada de una comunidad maravillosa que me recibió con los brazos abiertos y me enseño que es lo que yo realmente quiero tener en mi vida y que puedo compartir con otros.

En el 2015 cumplí 4 años de vivir estas experiencias con el maravilloso regalo de haber compartido con hermanas y hermanos de Colombia, México, Canadá, Puerto Rico y Costa Rica. Cada lugar con su propia energía única, cada grupo de mujeres con una enseñanza y cada canto con su propio corazón. Quería encontrar una manera de compartir lo que había aprendido con tanta gente linda y facilitar el camino a los que vienen empezando y desean conocer más, así que decidí crear este espacio que a partir de ahora será suyo y mío para compartir, vivir y amar cada canción, cada intérprete, cada compositor y cada región que nos la regala a toda la Humanidad.

Me siento feliz del trabajo realizado, ya que ahora yo también puedo escuchar mi propia música interior y en ocasiones cantarla para mí y para otros.

Ese es el objetivo de este Blog, que no sólo disfrutemos los cantos y las letras de esta nueva humanidad, sino también los cantos propios, ya que todos somos Vibración, Música y Energía Vital por dentro, sólo tenemos que recordarlo.

Honro y respeto a todas las personas que van a ser parte de este blog por su deseo que compartir con otros y que sus cantos trasciendan las fronteras y se depositen en los corazones que estén listos para disfrutarlas.

 

!Tlazocamati! ¡Tú sabes estar en el fuego del Amor!

 

Con cariño

Seidy Chicomecoátl

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1 Comment

  1. Ximena

    Que linda… GRacias por tus sentimiento y agradezco esta misión!!!

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